miércoles, 7 de enero de 2015

"La especie elegida" de Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez.

Principios básicos de la teoría evolutiva.

RESUMEN:

Jean Baptiste de Lamarck, entendía que la evolución se producía por el uso y desuso de los órganos y estructuras que se transmiten a los hijos. Es lógico pensar que si los monos se mueven colgados de los árboles, tengan esas extremidades más desarrolladas y perfeccionadas para la función a las que las emplean. Actualmente esta teoría ha sido desacreditada, puesto que hagamos lo que hagamos, no podemos modificar los genes que heredarán nuestros hijos.
Charles Darwin y Alfred Russell Wallace, dieron la alternativa a la teoría de Lamarck. Estos científicos, creían en la teoría de la selección natural. Si los medios de un entorno son escasos, sólo sobrevivirán aquellos individuos que los posean, con lo que los individuos más débiles se quedarán en el intento. A diferencia de la selección artificial que los humanos llevamos a cabo con los animales, la selección natural no persigue ningún objetivo, ninguna especie es mejor que otra, sólo son las más adecuadas al medio ambiente en el que se sitúan.
Otro papel importante en esta historia lo representa el azar, puesto que en desastres ecológicos, sólo sobreviven algunos individuos aleatoriamente.
Esta teoría en conjunto se conoce como neodarwinismo, y es aceptada desde los años 40 del siglo XX.

"Vacas, cerdos, guerras y brujas" de Marvin Harris.

La madre vaca.


RESUMEN:
La mayoría de los observadores ha de preguntarse la razón por la cual los hindúes, a pesar de estarse muriendo de hambre, no son capaces de matar una vaca para sobrevivir.

El paisaje de la India puede ser completamente extraño para los occidentales, pues está lleno de vacas por todos lados: en las calles comiendo desperdicios, en las casas, en los mercados etc. Muchos aseguran que este amor desmedido a las vacas es la principal causa del hambre y la pobreza en la India.

El gobierno de dicho país, en respuesta a la alta devoción por las vacas, incluso ha instituido leyes para su protección, ha mandado la construcción de albergues; no se permiten herir a una vaca que esté en la vía pública e incluso, el famoso Gandhi prohibía y condenaba el sacrificio de las vacas. A pesar de ello, Harris dice que este amor a las vacas tiene una explicación práctica.

Las vacas son la base económica del pueblo hindú. Estos animales, a pesar de que la mayoría de las veces se encuentran en malas condiciones, son aprovechados para varias actividades.

La leche es un producto que es consumido por algunos hindúes, sin embargo, más de la mitad de las vacas en la India no dan leche por su alto grado de desnutrición. Una vaca en occidente puede dar de 15,000 a 20,000 litros de leche anuales, mientras que en la India una sola vaca sólo puede ser capaz de proporcionar 500 litros al año. Por esto, la población hindú prefiere obtener leche de la hembra del búfalo de agua, que puede dar más del doble de leche que las vacas convencionales.

La agricultura es la principal actividad de la población hindú y de ella se valen para sobrevivir. Esta fuente de trabajo no se realiza como en Occidente, con ayuda de los tractores, sino mediante el tiro de los bueyes. Es claro que los bueyes provienen de las vacas y si uno de ellos muere, al ser la población tan pobre, significa la ruina total de una familia campesina. Por esta razón, el amor a las vacas puede estar íntimamente ligado con el sistema económico, pues de ellas depende que se origine la herramienta agrícola más importante.

Las vacas, pues, no sólo sirven para dar leche, sino que también pueden obtenerse numerosos beneficios con su boñiga, por ejemplo, sirve de fertilizante para las tierras de cultivo, combinada con agua se utiliza para los pisos de las casas y, una de las aplicaciones más importantes, es que esta boñiga es usada como combustible, sobre todo para la cocción de los alimentos, pues proporciona una llama ligera que dura gran tiempo y permite que la comida se cocine lentamente.

Los bueyes, además de las ya tan mencionadas vacas, proporcionan sustitutos de bajo consumo de energía. Es decir, con estos animales, se pueden realizar grandes trabajos sin consumir mucha energía, contrario a lo que pasa con los tractores, que pueden hacer igualmente grandes trabajos, pero consumiendo enormes cantidades de energía. Por esta razón, no debe considerarse como completamente errónea la creencia en el amor a las vacas y la prohibición de matarlas o sacrificarlas, pues en ellas está basada la economía que mantiene viva a la población de la India. Además, en Occidente (sobre todo en Estados Unidos) se destinan grandes superficies de tierra para la crianza de vacas con el fin de obtener su carne, provocando así daños irreversibles en el suelo, situación que no ocurre en la India, donde la mayoría de la gente es vegetariana, aunque han existido casos de hambrunas y sequías en que la población desesperada se ha visto orillada a matar a las vacas para alimentarse.

Cuando una vacas está enferma o moribunda, las familias no deciden matarla, no tanto por el respeto a la vida, sino porque constituye su única fuente de ingresos. En los casos más graves, cuando una vaca muere, se le da a los “intocables”, la casta que come carne y carroña. Estos mismos personajes aprovechan el cuero de las vacas para fabricar diversos productos.

Con esto, explica Harris, puede decirse que el amor por las vacas que profesan los hindúes, refleja un grado de economización mucho mayor que en Occidente. Pero sobre todo, esta devoción a las vacas no radica directamente en una creencia o mito religioso, sino que está asociada con la economía de subsistencia de la población; pero la solución a la pobreza en la India, sugiere el autor, tiene que basarse en una alternativa que sea capaz de destruir el sistema actual y remplazarlo por relaciones económicas y sociales nuevas, lo cual no quiere decir que las vacas dejen de ser la principal fuente de recursos, sino que debe permitirse a la gente disponer de más tierra, de agua, de bueyes, búfalos de agua y vacas.

Porcofilia y porcofobia.

https://docs.google.com/file/d/0B4iGll3XNZxnZWY3YTgzNmUtMTE5ZS00MGE1LWEzZWItOTg2YTIwZWViMGJh/edit?ddrp=1&pli=1&hl=en#  (Pág. 25-58)

RESUMEN:
Este Tema plantea el problema de porque algunos pueblos aborrecen el mismo animal que otros aman. El cerdo es una abominación para judíos y musulmanes, mientras que el centro del amor a los cerdos se encuentra en Nueva Guinea y las islas melanesias. El problema porcófobo se ha estudiado desde la antigüedad y mientras en el Renacimiento se decía que se debía a que era un animal sucio, posteriormente, en el siglo XVIII, Moisés Maimónides creía que era una medida de salud pública. Harris, en cambio, considera que el Corán y la Biblia prohibieron su cría porque era una amenaza a la integridad de los ecosistemas naturales y culturales de Oriente Medio.
Los hebreos eran pastores nómadas que vivían de rebaños de cabras, ovejas y vacuno. La prohibición es una estrategia ecológica acertada, pues la cría de cerdos en hábitats áridos es una amenaza, al tratarse de zonas deforestadas donde los rumiantes se adaptan mejor. El cerdo es un animal oriundo de las zonas de bosque y riberas umbrosas. Además es un competidor alimenticio con el hombre, es difícil desplazarlo a largas distancias y está poco adaptado termodinámicamente, pues su sistema de regulación de la temperatura corporal es ineficaz. En las zonas muy calurosas depende del efecto refrescante de sus excrementos y se convierte en un animal sucio. En Oriente Medio, la carne de cerdo se consideraba un artículo de lujo. Y cuando mayor es la tentación, mayor es la necesidad de una prohibición divina, pues una cría a pequeña escala era una tentación y a gran escala, era imposible. Pero los tabúes además de tener explicaciones ecológicas, también cumplen la función social de dotar a una comunidad de signos distintivos. Actualmente esta es su función, no suponiendo ningún perjuicio grave para esta comunidad y permitiéndole distinguirse del resto de la humanidad.
El amor a los cerdos, en cambio, es un estado de comunidad total entre el hombre y el cerdo. Estos se crían como miembros de la familia, duermen con ellos, lloran por ellos cuando están enfermos y les dan los mejores bocados. Pero incluye además el sacrificio obligatorio de los cerdos y su consumo en una ceremonia especial. El clímax de este amor es la incorporación de la carne de cerdo a la carne del anfitrión humano y del espíritu del cerdo, al espíritu de los antepasados, durante el gran festín que se celebra una o dos veces por generación, en el que se consumen todos los cerdos.
Este gran festín se celebra cada doce años, aproximadamente, entre los Maring, un grupo tribal amante de los cerdos que habita en la Cordillera Bismarck de Nueva Guinea y que fue estudiado por el antropólogo R. Rappaport. El kaiko dura aproximadamente un año y a los dos o tres meses de acabar se entabla un combate armado con los clanes vecinos enemigos. Los cerdos que quedaban se consumen durante la lucha, y los grupos se ven obligados a cesar la guerra cuando no disponen de más cerdos para ganarse el favor de los antepasados. El combate cesa y los beligerantes van a plantar un pequeño árbol, el rumbim, en un ritual en el que participan todos los varones poniendo sus manos en él, mientras el mago asegura a los antepasados que mientras siga en pie el rumbim no se volverá a reiniciar la guerra. Ahora los esfuerzos vuelven a dirigirse a criar cerdos para celebrar un gran kaiko, arrancar posteriormente el rumbim y reiniciar las hostilidades.
Este ciclo se inserta dentro de un complejo ecosistema autorregulado que ajusta el tamaño de la población animal y humana según los recursos disponibles. La decisión de cuando hay suficientes cerdos es crucial, aunque no existe un número exacto de años. La cría de cerdos y el cultivo depende principalmente de las mujeres, y la presión para aumentar el número de la piara lo más rápidamente posible, recae sobre un sistema de cultivo tradicional de tala y quema. Los nuevos huertos, necesarios para alimentar a una población humana y animal creciente, exigen más esfuerzo al situarse más alejados de las viviendas y tener un mayor tamaño. Además los cerdos adultos empiezan a invadir los huertos produciendo enfrentamientos entre los vecinos. Las casas se dispersan para estar más cerca de los huertos, disminuyendo la seguridad y provocando un mayor nerviosismo en la población. Pronto empieza a haber discusiones entre maridos y mujeres y los hombres se preguntan si no habrá suficientes cerdos. Entonces inspeccionan el rumbim, y finalmente deciden que hay suficientes cerdos para iniciar el festín. Gran parte de la carne se distribuirá entre los parientes y aliados militares, ya que el kaiko se utiliza para recompensar a los aliados y ganarse su lealtad.
El ansia de carne de cerdo es perfectamente racional teniendo en cuenta la escasez de carne en la dieta de los Maring y la cría de cerdos está bien fundada en la ecología de la zona, ya que la temperatura y la humedad son ideales. Pero un crecimiento ilimitado de la piara podría comportar una situación de competencia alimenticia entre el hombre y el cerdo. Cuando las mujeres Maring empiezan a trabajar para alimentar a los cerdos y no a las personas, y la eficiencia agrícola cae, es hora de celebrar un kaiko. Imponer un número límite al número de cerdos sólo sería posible con un tipo de agricultura diferente. El momento en que ya existen suficientes cerdos es impredecible, ya que depende de variables que cambian cada año: la población, la dimensión del territorio, el bosque secundario disponible y la situación e intenciones de los grupos enemigos. Para dar satisfacción a los antepasados se debe hacer un esfuerzo máximo, esto provoca por un lado que aumente la ingestión de proteínas mejorando la salud de la población y garantiza el consumo de proteínas y grasas en los meses que preceden a la guerra, siendo además una forma de conseguir aliados. Los Maring son conscientes de la relación entre el éxito en la cría de cerdos y el poderío militar y el sistema entero produce una distribución eficiente de plantas animales y hombres en la región.